lunes, 10 de septiembre de 2012

La cosmética del interlocutor

El Sunset Limited. Cormac McCarthy. Mondadori. 112 páginas. 14’90 €. 

Pongámonos en situación: Blanco se quiere suicidar. Está a punto de hacerlo cuando, de pronto, Negro surge –no sé sabe de dónde-, y como una sombra de ángel de la guarda, aborta su intento de lanzarse a las vías por las que transita el Sunset Limited. La acción ha comenzado. 

Con este planteamiento inicia Cormac McCarthy su segunda obra de teatro –tras The Stonemason-, rescatada para el público español por Mondadori. La obra aparenta sencillez. Dos personajes, una habitación y una conversación en la que un tema dará pie al siguiente y en la que siempre colearán dos puntos de vista distintos. La aparente sencillez del planteamiento esconde una profundidad elevada en la batalla dialéctica entre Blanco y Negro. 

Blanco es un profesor universitario hastiado que, pese a su conocimiento del mundo y las personas que lo habitan y su amplia cultura, ha decidido abandonarlo. Ha perdido su interés en la vida y considera necesaria la desaparición para su alivio. Por su parte, Negro no ha tenido una vida tan brillante como Blanco. Pese a crecer rodeado de violencia, sangre y odio, sigue manteniendo firme su deseo de vivir, y una promesa de ayuda al prójimo, gracias a su inquebrantable fe. 

Los nombres, además de ilustrarnos el único rasgo físico que conoceremos de los personajes: su color de piel, hacen referencia a la posición de cada interlocutor en la conversación. El diálogo que tiene lugar en el pequeño cuarto no deja de ser el eterno debate entre la fe y la razón –leitmotiv del autor-, entre un devoto y el hombre que ni cree, ni quiere creer. 

La conversación discurre por temas tan diversos como las vivencias de Negro en la cárcel, la vida, la envidia, el falso circo de la sociedad y el suicidio. Es posible que ninguno logre convencer al otro de nada, de hecho es algo que barruntamos desde el principio, pero aun así la tensión del diálogo hace permanecer a los interlocutores en esa mesa, uno frente al otro, entablando incluso una cierta complicidad. 

Cormac McCarthy desarrolla un intercambio de impresiones que recuerdan vagamente la brillante persuasión de Textor Texel en Cosmética del enemigo de Amélie Nothomb. Las palabras de los dos personajes son una constante introspección hacia el ser humano, una indagación pragmática en aspectos como el individualismo preponderante en la era contemporánea o la falsa libertad de la que gozamos actualmente. 

El lector empatiza con las visiones de Negro y Blanco, indistintamente, y se va contagiando de una estancia viciada y una tertulia cargada continuamente de persuasión y retórica. No obstante, los dos interlocutores, como reconocemos desde el principio, son poco permeables a los argumentos de su “contrincante”. El resultado es una trama claustrofóbica, que, sin embargo, nos mantiene en vilo, aunque desde la primera frase intuimos cuál puede ser el resultado. 

¿Logrará alguno de los dos convencer al otro?

Publicado en Otro Lunes

El lento flujo del temporal

Años lentos. Fernando Aramburu. Tusquets Editores. 224 páginas. 17 €. VII Premio Tusquets Editores de Novela. 

Tal vez una de las empresas más complicadas para un escritor sea la de crear un ambiente y un hogar en los que situar una historia. En Años lentos, brillante ganadora del Premio Tusquets de Novela, Fernando Aramburu consigue superar las dos pruebas y aprueba el examen con mención de honor. 

El narrador, que entonces cuenta ocho años, llega a la San Sebastián de los sesenta para vivir en casa de sus tíos, los Barriola. El barrio es, por entonces, tranquilo: los niños juegan en la calle, los hombres van del trabajo a casa, pasando por el bar –y viceversa- y los jóvenes están, como siempre suele pasar, a sus cosas. 

Pero el País Vasco de finales de los sesenta, como sabemos, fue uno de los lugares más convulsos, sobre todo cuando el franquismo empezaba a flaquear y a tocar fin. Poco a poco vemos de la mano del narrador cómo el barrio va experimentando un cambio. 

La técnica narrativa que utiliza Aramburu es magnífica, por efectiva y poco vista en la escritura contemporánea –no antaño, como recordarán los barojianos o galdosianos, o incluso los lectores del lazarillo-. El narrador cuenta la historia mediante notas que le envía al propio Aramburu para que se ponga a escribir una supuesta novela. Éste completa la historia con unos pequeños apuntes al final de cada capítulo, que contextualizan y estructuran la novela. De esa forma se intercalan las memorias del narrador con las notas para la escritura del Aramburu personaje al que se dirige, creando un panel literario muy jugoso. De igual manera se entrelazan en Años lentos varias historias: la historia de Julen, cada vez más involucrado en las excursiones al monte del seminario; o la de Mari Nieves, tocada por la desgracia de Dios, para deshonra de su familia, entre otras. 

El escritor de San Sebastián nos muestra como en la escritura, al igual que en la vida, nadie es bueno ni malo a jornada completa. No se puede reducir todo a eso. La vida es mucho más compleja y los mecanismos que motivan la reacción de cada pieza son inescrutables. De esta forma, por la ciudad de Años lentos desfilan todo tipo de personajes. La madre, de personalidad fuerte, que se carga el peso de la familia al hombro, el padre pasota que soluciona –u olvida- todo en el Artola, el bar de debajo de casa; la joven Mari Nieves, que anda suelta de cama en cama entregada a la búsqueda de los placeres, o, por último, el tándem formado por el cura Victoriano, fervoroso nacionalista en pro del euskera y de la patria vasca, y el primo del narrador, Julen –el verdadero personaje central de esta obra-, que poco a poco se adentrará peligrosamente en la banda terrorista ETA. 

La novela de Aramburu opera con los personajes de la misma manera que el paso del tiempo lo hará con sus lectores: poniendo a cada uno en su sitio. De este modo, podremos ver la imagen del héroe desolado, solitario, venido a menos, así como el decrecimiento o desarrollo de otros de los protagonistas. Nadie comienza la historia en el punto en el que la terminara, ni siquiera cerca. Los personajes cumplen con un ciclo, un desarrollo vital, lleno de vuelcos y vaivenes hasta el desenlace. 

Como en otras ocasiones, léase su obra Los peces de la amargura, el autor escribe sobre un tema delicado, que además conoce de primera mano: los complejos mecanismos de la sociedad vasca, que por entonces se empezaba a dividir entre los partidarios de la patria vasca y los “españoles”. Una sociedad tan envilecida por la palabrería que, llegado el momento, no distingue entre antiguos amigos, vecinos o, incluso, familiares. Una sociedad en la que los años pasan más despacio y de forma más cruda.

Publicado en Otro Lunes

lunes, 20 de agosto de 2012

Nadadores de fondo

Los nadadores. Joaquín Pérez Azaústre. Anagrama. 248 páginas. 

El nadador, como el corredor de fondo, ejerce su actividad solo. Así le ocurre al protagonista de esta novela, Jonás, un fotógrafo de prensa, que ahoga sus ratos libres en la piscina junto a su amigo Sergio. Un problema de espalda en su infancia le llevó a sumergirse varias veces por semana y, desde entonces, cada vez que nada se detiene unos instantes para ver las siluetas sombrías que parecen mirarle desde la mampara que separa la piscina del exterior. 

Esa es la vida de Jonás: fotografías de prensa, alguna exposición esporádica en alguna galería y las tardes de natación. Desde su ruptura con Ada vive solo en un piso al sur de la ciudad y pocos son los vínculos con su pasado que aún quedan firmes. La monotonía lo engulle silenciosamente a cada brazada. Sin embargo, cuando recibe una llamada y escucha la voz nerviosa de su padre, su rutina se verá sacudida de repente. Su madre, que ya no vive con él, ha desaparecido y lleva dos meses sin dar señales de vida. 

Al principio Jonás parece no darle demasiada importancia. Pérez Azaústre consigue crear un carácter que asimila todo lo que le llega del exterior: la soledad, la derrota, el vacío. Un personaje a imagen y semejanza de los individuos de nuestra sociedad, que se conforman y aceptan casi todo como normal. 

El fotógrafo supone que su madre habrá encontrado otra persona o se habrá visto en la necesidad de huir y no dar explicaciones. De esta forma, se intenta cubrir a sí mismo y no buscar una razón a la desaparición de su madre. Pero el nadador verá como empiezan a esfumarse otras personas: otro fotógrafo de la galería, algunos de los nadadores de la piscina… Es entonces cuando decide buscarla, visitar su casa e indagar en las posibles razones de la huida. Mientras tanto, aceptará un misterioso encargo fotográfico que le llevará hasta “las puertas del infierno”. 

Los nadadores es una novela sobre la soledad y el vacío devastador causado por ésta. Un canto existencialista del vacío y la voracidad del tiempo en una sociedad en la que, envolviendo nuestra soledad, sólo resiste la amistad, el amor o la familia. El autor crea un ambiente magnético gracias a un estilo narrativo de frases largas y elaboradas. El ritmo, sin embargo, es acelerado y el desarrollo de la trama hace que la historia vaya de menos a más hasta desembocar en un soberbio final abierto, que llenará al lector de dudas y le hará plantearse la dirección que ha cobrado la sociedad contemporánea. 

Mientras la ciudad –sin nombre, aunque se identifica Madrid- ve como sus habitantes desaparecen poco a poco, Jonás sigue refugiándose en la piscina. Las siluetas oscuras que le observan desde arriba le traen de vuelta sus recuerdos, que serán una de las claves de la historia, y le llevan, cada vez más, a preguntarse por las desapariciones, que le arrastran su propio miedo a perderse. 

La angustia, la amenaza invisible de la pérdida, la paradoja de invisibilidad que nos brinda una sociedad cada vez más interconectada o la excavación enigmática en busca de la identidad, son algunos de los temas que encontramos en esta magnífica novela, que ha catapultado a Pérez Azaústre a lo más alto de la narrativa actual.

Publicado en Culturamas

viernes, 10 de agosto de 2012

Claudia Piñeiro: “Un escritor puede mentir, es más, todos esperan que mintamos”

Aterrizó en España con la novela Las viudas de los jueves, que ganó el Premio Clarín-Alfaguara del 2006. Sin embargo, esta no era la primera obra que escribía Claudia Piñeiro. Su primera novela, El secreto de las rubias, fue finalista del concurso ‘La sonrisa vertical’ de Tusquets en 1991. Tras su irrupción, totalmente casual, en la ficción -según cuenta en una entrevista decidió escribir su primera obra en un vuelo de negocios-, ha escrito numerosas novelas y obras de teatro. En España se han publicado, además de Las viudas de los jueves, dos novelas policiacas, Tuya (2010), que fue finalista del Premio Planeta Argentina en 2003, y Las grietas de Jara (2011). En 2012, Claudia Piñeiro retorna con Betibú, una magnífica novela negra que gira en torno al periodismo, la ficción y el crimen.


Al principio de la novela hay un amplio perfil de Betty Boop. En él se habla de su creación, su significado a lo largo de la historia e, incluso, de su prácticamente desconocido simbolismo. ¿Es hoy en día una gran desconocida a pesar de aparecer en multitud de soportes (carteras, regalos, cuadernos, juguetes para niñas…)? 

Creo que muchas de las chicas que la llevan en mochilas, cuadernos y demás, no saben para nada qué significa el ícono. Probablemente sus madres sí lo sepan, y se pondrán contentas o no con que la porten de acuerdo a si a ellas les gusta o no el tipo de mujer que Betty Boop representa. 

¿Aceptamos cualquier icono que nos quieran vender, hasta el punto de saturarlo, aunque no lo conozcamos apenas, sólo porque así nos lo inculcan? ¿Somos seres tan dóciles? 

Puede ser que en un principio sí, que el poder del marketing y el lavado de cabeza desde la publicidad tenga un primer triunfo. Pero a la larga me parece que sólo subsisten aquellos íconos que, de verdad, significan algo. Incluso puede ser que alguno vaya modificando lo que representa para poder subsistir. Es un proceso que tarda, primero llegan los espejitos de colores, pero hace falta una reflexión más calmada para llegar a separar la paja del trigo. Y eso lleva tiempo y ganas de enterarse. 

Durante toda la novela están latentes –o no tanto- las nuevas formas de comunicación (redes sociales, Google, Wikipedia o YouTube, entre otras). ¿Podrían llegar a ser fuentes primordiales a considerar por los profesionales de la información o habría que apartarlas a un lado y desconfiar de ellas? 

Ninguna de las dos cosas. El punto a buscar es más intermedio. Sin las fuentes primordiales y los métodos tradicionales de investigación es muy difícil profundizar en un tema de forma adecuada. Pero evidentemente las nuevas tecnologías allanaron mucho el camino de la investigación, resulta mucho más fácil acceder a algunos datos, e incluso a datos que de otra manera sería imposible o muy costoso llegar. Al principio de la novela parecería que si Jaime Brena (el periodista a la vieja usanza) no le da una mano a “el pibe de policiales”, éste no llegará a hacer su trabajo bien. Sin embargo a lo largo de la novela Brena también aprende del pibe y gran parte de la resolución de la trama policial se logra a través de internet y las redes. 

En Betibú se entremezclan los nuevos paradigmas periodísticos con los clásicos, que simbolizan el pibe de Policiales y Jaime Brena. ¿Una mezcla de los dos daría como resultado “el periodista total”? 

Sí, creo que está básicamente respondido en la pregunta anterior. 

“Si querés ser buen periodista, tenés que leer ficción”, dice Jaime Brena. ¿Puede la ficción representar la realidad más fielmente que el propio periodismo? 

Vamos a un ejemplo: Yo creo que no hay nada que mienta hoy más que el índice que mide el riesgo país. ¿Cómo se mide el riesgo de un país? ¿Sólo con parámetros económicos? EEUU poco antes de que dos aviones estallaran contra las torres gemelas no tenía un alto riesgo país, ¿pero no era un país en riesgo? ¿Quién lo mide? ¿A qué intereses responde? En medio de todo esto, nada más real que la ficción que no engaña a nadie, quien la lee sabe que eso que está entre sus manos es un cuento. En ese contrato entre lector y autor no hay mentiras. 

Escribe: “piensa en cómo la vida de cada día, lo cotidiano, hasta lo banal, se mezclan con el crimen como un menjunje que quita dramatismo al horror y perturba lo simple. ¿Se puede batir un café cuando anoche colgaba un cadáver de un árbol?, ¿se puede preparar un desayuno creyendo que ese muerto puede ser parte de algún plan o proyecto criminal mayor?”. ¿La sociedad contemporánea tiende a banalizar el crimen y la violencia? 

La sociedad contemporánea convive con el crimen y la violencia. Aprende a seguir adelante a pesar de él. Si no fuera así quedaríamos paralizados. Lo que no quiere decir que no podamos aprender de nuestros errores como sociedad, sobre todo si no los tapamos y tenemos memoria. 

Escribe Nurit en una de sus notas: “Una agenda de prioridades informativas que deja afuera ciertas noticias es censura.” Según esta manifestación, ¿hasta qué punto existe la censura en el periodismo actual? 

Es un tema complicado, no siempre hay órdenes expresas, no siempre viene alguien y dice “de esto no se puede hablar”. Si fuera así podría denunciarse. Los mecanismos son más sutiles y muchos periodistas ni siquiera proponen temas porque saben que les costará el enojo de su editor o hasta su puesto de trabajo. Nadie se lo dijo, pero lo saben. Otros fuerzan esta tensión y logran imponer temas que no son bien vistos a priori. Otros en el intento son despedidos. Hay de todo. 

En esta obra vemos un abanico total de carácter de los personajes: cretinos, tímidos, desconfiados, calculadores… ¿Siente alguna empatía especial con los personajes? En ese caso, ¿qué tipo de personajes despierta más sus simpatías y antipatías? 

Aprendí hace muchos años, con una maestra de guion (María Inés Andres) que uno como autor debe ponerse en los zapatos de cualquier personaje, sentir que puede ser el más malo como el más bueno. No importa quién te guste más fuera de tu oficio de escritor. Pero puesto a desarrollar un personaje, a darle su curva dramática, uno debe poder ser él, sino termina describiendo estereotipos. Me parece que la elección del lugar donde se para el autor desde su ideología está en el punto de vista y no en la composición de los personajes. 

En la parte final hay un informe que es casi un alegato de la ficción frente al periodismo. ¿Resulta más sencillo escribir sobre la realidad cuando la encuadramos en un marco de ficción? 

Sin dudas. Un periodista debe ajustarse a la verdad. Un escritor puede mentir, es más, todos esperan que mintamos. Y, si se puede elegir, que mintamos de la mejor manera posible. 

Muchísimas gracias y enhorabuena por su escritura.

Publicado en Punto de Encuentro

martes, 31 de julio de 2012

Recaredo Veredas: “Madrid cada día se parece más a una urbe distópica”

La acción de nadar en agua helada puede ser “estupenda o una tortura”, comenta Recaredo, cuando habla del título de su nuevo poemario. Y la frase es aplicable igualmente al contenido de la obra. El poemario se disfruta y se sufre: es bello, atractivo y valiente, pero a la vez es crudo y rasga las entrañas hasta el punto de hacer partícipe al lector de esa crudeza. Nadar en agua helada no es la primera obra de Recaredo Veredas, pero sí su primera aparición en el pantano de la poesía. Anteriormente el escritor y crítico ha publicado el conjunto de relatos Pendiente y un libro de técnicas de escritura, Cómo escribir un relato y publicarlo. Ahora nos lleva a acompañar a unos personajes desvalidos en un mundo frío y gris, que recuerda vagamente a La carretera de McCarthy o a la tierra baldía de Elliot.


En el libro hay una gran presencia del color (sobre todo los oscuros y el rojo) y sus metáforas, ¿qué importancia tiene el color en tu poesía? Y yendo más allá, ¿en otros ámbitos literarios es fundamental? 

El color es un elemento expresivo, que sirve como correlato objetivo, es decir, para contar de manera indirecta. Su presencia -no solo en mi libro- tiene dos causas: puede estar vinculado con el sentido de la obra o puede tener un papel meramente estético (lo que no es necesariamente malo). Si aparecen el rojo y colores oscuros es porque creo que el poemario tiene esas tonalidades: es un poemario expresionista, o pretende serlo, y las referencias estéticas que lo alimentan utilizan esa paleta. 

El color puede ser importante o puede ser secundario, dependiendo del nivel de expresividad y el nivel de información directa que el autor emplee en su escritura. A mayor expresividad, mayor importancia del color. 

Durante todo el poemario se identifican imágenes relacionadas con el frío, la lluvia o el agua con temas como la soledad, la huida o el abandono. ¿Es el invierno más propicio a este tipo de sentimientos? 

Es la asociación más típica y tópica pero el verano puede ser devastador. De hecho, en verano hay mucho más tiempo libre y, por lo tanto, la soledad es mucho más patente. En la obra viven en una especie de invierno nuclear, aunque no haya habido un cataclismo al estilo La carretera (McCarthy), que posibilita la presencia continua de la lluvia, el frío. De una especie de eterno invierno. 

La guerra transcurre a lo largo de los fragmentos de Nadar en agua helada en los que unos se esconden, otros huyen, otros desaparecen… En ese sentido, ¿se puede considerar una obra política? 

Creo que toda obra es política de una u otra forma, aunque sea por omisión (la omisión de la política suele ser de derechas). Así que mi libro, como tal, posee un contenido político. Pero no sé cuál es. Supongo que un cierto humanismo escéptico, por denominarlo de alguna forma.


¿Cómo es la experiencia de nadar en agua helada? ¿A qué responde esta frase? 

Nadar en agua helada puede ser estupendo y revitalizante, si es una actividad buscada, o una auténtica tortura. El protagonista se encuentra en un contexto francamente complicado y no le resta otra opción que hundirse en el hielo e intentar sobrevivir, con el peso de su propia memoria y de las circunstancias externas. Es decir, nadar en agua helada. Además, me gusta la frase. Es decir, posee, por otro lado, una función puramente estética. 

La muerte es otro de los símbolos de Nadar en agua helada. ¿Se tiene siempre presente una cuenta pendiente con ella?¿Es la única certeza de los vivos? 

Sin duda, aunque en nuestra civilización nos empeñemos y nos empeñemos en negarla, la muerte está presente en cada minuto de nuestras vidas y es el motor que las impulsa. De momento -y me temo que va para largo- no hay manera de escapar de su omnipresencia. Creo, por otro lado, que mostrar lo oculto, aquello que no se ve o no se quiere ver es una de las labores fundamentales de cualquier creador. Por ello, entre otros motivos, me fijo tanto en la muerte. Supongo que necesitamos convivir con ella con mucha mayor naturalidad. 

Esa imagen de la muerte se presenta, en muchas ocasiones, en forma de animales (pájaros muertos, caballos despellejados…) y de hombres que se refugian en el calor de sus cadaveres. ¿Resulta difícil tratar con la muerte de los hombres? 

No especialmente. Lo que resulta difícil es mostrar una mirada moderadamente distinta de algo tan evidente y tan inevitable. El hombre carga con la conciencia de su muerte desde que existe y también desde que existe ha reflejado esa conciencia en papel, lienzo o cualquier otro formato. Por lo tanto abordar la muerte desde una perspectiva original es imposible, sin paliativos. Lo que sí puede intentarse es no caer en los tópicos más utilizados. 

Las ciudades que figuran en la obra son lugares inhóspitos, fríos, deshumanizados y con habitantes faltos de deseos. Me recordaron vagamente al Londres baldío de T. S. Elliot. Actualmente, ¿se están convirtiendo las grandes ciudades en espacios cada vez menos habitables? 

Depende, hay ciudades y ciudades, ámbitos y ámbitos. La mayoría de las ciudades y de sus periferias, al menos en España, son espacios dominados por la resaca de la avalancha de consumo que vivimos durante los primeros años del milenio. Madrid cada día se parece más a una urbe distópica, llena de edificios abandonados y de mendigos, lo que contrasta con el crecimiento del lujo. La imagen de la ciudad que aparece en el libro tiene numerosos referentes, desde Elliot al Lorca de Poeta en Nueva York, pasando por Ginsberg, Gamoneda... 

Cambiando de tercio, en los últimos tiempos han proliferado las series y otros formatos en el ámbito cultural. ¿Ha quedado la poesía, e incluso la literatura en general, en un rincónmenoren el plano cultural? 

Sin duda, la literatura cada día interesa a menos gente. Cada día existen más blogs y más revistas culturales digitales pero eso no implica un incremento del público. Somos siempre los mismos. Los mismos cinco o diez mil, no más. Estoy hablando de literatura literaria, no de literatura bestsellera (que, por otro lado, me merece todos los respetos). El escritor lentamente se sumerge en la marginalidad, a las nuevas generaciones les interesan otros formatos, aunque algunas editoriales independientes estén peleando para atraer a los sectores más jóvenes (con acierto variable). 

Se habla mucho de los cambios de paradigmaocasionado por la implantación de lo digital, pero el debate se centra sobre todo en la novela o la prensa. ¿Cómo consideras que pueden afectar los nuevos formatos a la poesía? 

Todavía es necesaria la función del prescriptor. Es decir, del editor, el filtro entre el escritor y el lector, que selecciona entre los miles y miles de manuscritos que miles y miles de potenciales escritores desean publicar. Los nuevos formatos difuminan su función y provocan que la web se llene de contenidos de muy poca calidad. Aún no existen prescriptores digitales con auténtica fuerza y no ocurre porque nadie -que yo sepa- ha conseguido rentabilizar la literatura en internet. Supongo, respondiendo a tu pregunta, que los nuevos formatos traerán mayor brevedad, mayor fragmentación y una pérdida aún mayor de los criterios de calidad. Un mayor amateurismo. 

¿Qué opinión tienes de los movimientos sociales y ciudadanos que están teniendo lugar en los últimos tiempos? ¿Influye o inspira la situación actual a la hora de enfrentarse al folio en blanco? 

Creo que son minoritarios. Ocurren en espacios muy pequeños que, además, poseen alta significación simbólica, lo que multiplica su efecto. Pero cinco mil, diez mil o cien mil personas en una ciudad como Madrid son muy pocas. La situación merecería una revuelta mucho más intensa, que implicara a toda la sociedad pero, por desgracia, el adormecimiento de los españoles, su anestesia generalizada parece no tener fin. Ni siquiera cuando lleguemos al treinta por ciento de paro y haya hambre de verdad nos levantaremos. Y, respondiendo a tu pregunta, no creo que tengan una auténtica influencia en la escritura actual, tal vez solo en cierta narrativa indie. 

Tuve un profesor que decía que leer y escribir literatura era ya una forma de disidir, ¿estás de acuerdo con esa afirmación? 

No. La literatura o la cultura no garantizan ninguna cualidad humana ni supone disidencia alguna. Por ejemplo, toda la cúpula directiva de las SS estaba doctorada. Tradicionalmente se ha vinculado a la cultura con la izquierda pero esa vinculación es, por un lado, muy hispana y, por otro, no siempre la izquierda implica una disidencia. 

¿Qué papel puede jugar la poesía en la sociedad actual? 

La poesía no debería ser uno de los géneros más damnificados por la revolución digital. Su brevedad debería garantizarle cierta viabilidad, aunque nunca se sabe. En cuanto a su papel, supongo que debe servir para mostrar al lector que hay otras personas que comparten los mismos sentimientos que él, además de para causarle cierta emoción estética. 

Siempre se ha identificado la poesía con el sentimiento del poeta frente a la novela, que sería la ficción o inventiva del escritor. ¿Se puede seguir contando una historia mediante versos? 

Claro, y se podrá seguir haciendo dentro de cien o doscientos años. La combinación de narrativa y lírica existe desde los abismos del tiempo. Es cuestión de graduar los elementos, de tomar un poco de lírica, un poco de prosa y mezclarlos con el debido talento, como hace un buen chef. 

Muchas gracias y enhorabuena por la obra. 

Muchas gracias a ti.

Publicado en Punto de Encuentro

miércoles, 18 de julio de 2012

Esencia de Holden Caulfield a la italiana

Tú y yo. Niccolò Ammaniti. Anagrama. 136 páginas. 14’90 €. 

Tú y yo comienza con una mentira, una de esas mentiras piadosas, sin apenas importancia, con la que el protagonista Lorenzo Cuni, un adolescente de catorce años, pretende pasar desapercibido para el resto de los mortales durante una semana. Para ello, asegura a su familia que una amiga le ha invitado a pasar unas vacaciones esquiando en la montaña. Su familia recibe la noticia con alegría, ya que sus sospechas de la inadaptación de Lorenzo a la sociedad se esfuman con esta invitación. 

Sin embargo, Lorenzo, que sólo aspira a que le dejen tranquilo y en soledad consigo mismo, se encierra en el sótano y empieza una semana de vida solitaria, ermitaña incluso, alimentándose de latas de conservas y coca colas, mientras trata de completar un videojuego y disfruta con las novelas de Stephen King. 

Niccolò Ammaniti ha comentado en alguna entrevista que Tú y yo es su novela más autobiográfica. Quizás por eso cuenta de una manera tan delicada ese sentimiento del chaval, esa soledad agria, el sentimiento de no pertenecer a ningún entorno, que le hace refugiarse en el sótano. 

El objetivo del plan es sencillo: pasar desapercibido, que nadie se entere de que está allí. Por eso, desde el principio de la novela vemos a Lorenzo desviando hábilmente los intentos de su madre de hablar con la madre de su amiga para agradecerle su cortesía. Pese a sus primeros éxitos, y como no podía ser de otra manera, el plan se desbarajusta por completo cuando irrumpe en su escondite Olivia, su hermana, hija de su padre en un anterior matrimonio. 

Ella será quien convierta la semana de Lorenzo en una vibrante aventura por la supervivencia. El joven no tendrá más opción que batirse cara a cara contra fuerzas que lo empequeñecen. Pero, a pesar de que su inferioridad le convierta en víctima fácil, ya sea al K.O. técnico o a los puntos, Lorenzo lo dará todo por salir victorioso en favor de su hermana. 

Tú y yo cuenta el aprendizaje de Lorenzo en los días en que el fin de la adolescencia y el principio de la madurez viajan compartiendo asiento. Esos días grises en los que un chaval que no entiende la vida se enfrenta a ella con la valentía que solo permite el desconocimiento. Sus enemigos son fuertes: el sentimiento de soledad, tanto dentro como fuera del núcleo familiar, la drogadicción o la muerte (destacable, y cargado de simbolismo, el pasaje en el que Lorenzo cuenta un cuento a su abuela en el hospital). 

La novela se estructura en una analepsis central, que ocupa casi toda la extensión de la obra, custodiada por una breve introducción y un cierre, de no más de tres páginas cada uno, que sirven para contextualizar la mirada retrospectiva del narrador. En el epílogo el narrador nos descubre el reciente final de esta historia. 

Niccolò Ammaniti describe en poco más de cien páginas el proceso de aprendizaje de Lorenzo Cuni, una especie de proyección del mítico Holden Caulfield en la sociedad contemporánea. La novela no necesita más, ni le sobra ninguna página. Es una historia condensada a la perfección por el italiano. No obstante, su brevedad no excluye temas tan trascendentales como el amor fraterno, el proceso de entendimiento y normalización de la vida, la soledad y la necesidad de evasión, la incomprensión o las drogas, entre otros.

Publicado en Punto de Encuentro