lunes, 26 de abril de 2010

Puente hacia la literatura de ida y vuelta

Texto conjunto con Enrique G. Llamas - Fotografías por Pablo Álvarez

Envueltos en luz azul, una luz de ida y vuelta, dos autores españoles y dos americanos eligieron, cada uno, a un escritor del otro lado del charco para hablar de él. Para demostrar, una vez más, que lo que nos une es más que lo que nos diferencia.

De esta manera, se citaron en el preludio de la noche de los libros, en la Casa de América de Madrid, ocho reconocidos autores para entablar una conversación, con el público de por medio, sobre la obra de los cuatro más veteranos. Julio Cortázar, Ítalo Calvino, Jorge Luis Borges y Albert Camus, retratados por Benjamín Prado, Fernando Iwasaki, Agustín Fernández Mallo y Juan Gabriel Vásquez, respectivamente.

Tenían sólo veinte minutos cada uno, subjetivos claro. Hubo quien los excedió sin que nadie de los presentes se diera cuenta, gracias al suave acento de Iwasaki hablando de Ítalo Calvino, a quien destacó como un autor bastante olvidado, que para él es uno de los imprescindibles, aunque ninguno de sus libros sea su favorito; hubo quien se quedó corto, dejándonos con ganas de más, como el genial Benjamín Prado, que definió a Cortázar en veinte maravillosas líneas, y nos dejó claro lo que éste, y su literatura, suponía, supone y supondrá.

Otros cumplieron con el reloj a rajatabla; Juan Gabriel Vásquez demostró la posible influencia de Camus sobre Mario Vargas Llosa y García Márquez, pese a morir antes de que se diese a conocer el boom latinoamericano; posible porque también recordó que como Borges mismo dijo: “la realidad no tiene obligación de ser interesante, pero sí las hipótesis”. El propio Borges encontró su refugio en un integral e íntegro Agustín Fernández Mallo, que leyó al público una versión propia y personal de un cuento del autor latinoamericano, tras no poder leer su ponencia, que se quedó en Mallorca, debido al trastorno de vuelos que ha habido esta semana. Este último se centró fundamentalmente en el Borges cuentista y ensayista, ya que, según sus propias palabras, el poeta le interesaba poco.

Y si, entre tanto hombre, alguien echaba de menos a la mujer que no lo lamente, porque ellas se encargaron de hacer su puesta en escena. Los círculos concéntricos del plomo del tiempo de la señora Dalloway llegaron a la mesa, la Barcelona de Carmen Laforet, la supuesta Maga de Rayuela y la brillante poesía de Alejandra Pizarnik, también conmemoraron la genialidad de la literatura en otro veintitrés de abril. Y una vez más, en la Casa de América, hubo habitaciones para todos.

Publicado en Culturamas

lunes, 19 de abril de 2010

La vida antes de Marzo

La vida antes de marzo. Manuel Gutiérrez-Aragón. Editorial Anagrama. Narrativas hispánicas. 288 páginas. 18 €.

No pude leerlo antes de que volviese Marzo en este 2010, pero conseguí terminarlo antes de que marchase. Manuel Gutiérrez Aragón debuta en el plano de la novela con este título, en el que nos transporta hacia un futuro no muy lejano, desde el que los dos protagonistas, en cambio, no hacen otra cosa que rememorar sus pasados más profundos y aparentemente extintos.

Corre el año 2024, y Martin y Ángel viajan a bordo de un tren prototipo que circula por todo el continente europeo. Es un tren que nunca efectúa parada, sigue el recorrido entre Lisboa y Bagdad, para volver de nuevo a Lisboa. Para subir a esta serpiente, formada por millares de vagones con todo tipo de comodidades, hay que tomar primero un tren satélite que alcanza la velocidad de los vagones principales.

En una de estas transfusiones de viajeros, Ángel, el de la cara de bronce, entra en la cápsula en la que viaja Martín, un asturiano montañés que aún guarda un profundo amor por una magrebí de su infancia. Aún sigue recordando la profundidad de su mirada en las montañas. Ángel, por su parte, guarda una historia oculta bajo su dorada piel. La vida le condujo a verse relacionado con un grupo islámico extremista, y aún a día de hoy guarda serios recesos de aquella situación.

Desinhibidos por las copas de vino que van tomando en cada país –siempre vino autóctono del país sobre el que se desliza el vertiginoso tren-, se van confiando su historia, bajo la atenta e incansable mirada de un narrador del que poco conocemos durante toda la novela. Poco a poco, las palabras de ambos van tejiendo la historia de sus vidas, de aquella mañana de Marzo, en la que todos perdieron algo. La vida antes de Marzo, al fin y al cabo.

Manuel Gutiérrez Aragón debuta muy satisfactoriamente en el ámbito literario con esta trama. Muy influenciado por el cine, de manera muy visible en ciertas partes de la trama, consigue hacer que nuestra atención crezca sobre la historia según ésta va transcurriendo, para concluir con un giro muy interesante que no dejará indiferente al lector, que casi se convierte en un confesor de los dos protagonistas.

Un debut reconocido por la crítica, que ya ha recibido el Premio Herralde de Novela por mayoría del jurado.

Publicado en Culturamas

miércoles, 31 de marzo de 2010

Luis Ramiro vuelve a la sala Galileo con un semi-acústico

Luis Ramiro repasó en la sala Galileo Galilei de la capital muchos de sus temas menos conocidos en la noche del 30 de marzo. Esta vez acudía más solo que la última vez que le vi en Joy Eslava, donde compartió directo con Marwan y una larga lista de ilustres invitados. La idea de este concierto era hacer un semi-acústico, en el que mezclaría algunas de las canciones menos conocidas del repertorio junto a las más escuchadas, acompañado de la banda, compuesta por cuatro músicos.

Como si estuviese en casa. Con una apariencia de tranquilidad absoluta. Un sofá en el escenario, sobre el que se intuían en la oscuridad un par de vinilos, entre ellos el Yellow Submarine, y sobre el que descansaba plácidamente un muñeco de Woody, el vaquero de Toy Story. Dos guitarras acústicas, una eléctrica, un teclado y una batería. Aderezado con unas cuantas velas –me recordaron un momento el mítico Unplugged de Nirvana- y el inconfundible cartel con el nombre de la sala en color rosa, Luis Ramiro se presentó en el escenario sobre las 10 de la noche.

Mañana nos casamos en Las Vegas comenzó a sonar nada más subir al escenario para dar paso después a muchas de las canciones que normalmente se dejan ver menos en sus directos, como KO Boy, La sirena, Dos coplas… Lo mejor de los conciertos de este artista es que nunca hay dos iguales. El cantautor trata de no avasallar al público con una sucesión de canciones sin más, y dialoga con la gente, hace juegos entre canción y canción y de vez en cuando cuenta alguna historia o anécdota que ameniza mucho la velada, haciéndola mucho más divertida. El ambiente que se genera en este tipo de salas más recogidas ayuda mucho a este juego.

Enseguida llegó Romper, el primer single de Dramas y caballeros, que se ha convertido en todo un himno para este artista. Y tras él, intercaladas con las canciones menos habituales, las de los discos, aunque se hicieron esperar: Mayo del 2002, Perfecta, Relocos y recuerdos, Te quiero te odio o Globos de chicle, que sonó mucho más a canción de estudio esta vez. Entonces tocaba presentar cuatro canciones nuevas al público, además, de las que me quedo con Casualidad.

La hora iba apretando y el directo empezaba a tocar fin, pero aún quedaban las grandes de su último disco. Sonó El reloj, que dentro de poco se convertirá en el segundo sencillo y será presentado su videoclip. Relocos y recuerdos, mucho más acústica que de costumbre, con un aire muy peculiar. El show tocó fin con La distancia en la que el artista pidió al público, entre flashes, que se pusiese en pie por ser la última de la noche.

Buen concierto del que disfrutó Galileo y Woody, sentado en el sofá del fondo junto al Yellow Submarine de los Beatles. Un gran guiño del cantautor de las botas de cowboy en una noche de pre-semana santa madrileña.

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domingo, 7 de marzo de 2010

¿Ladrones de arte?

El ser humano tiene la fea manía de querer apropiarse siempre de todo lo que no es suyo. Somos así, avaros, codiciosos, y en el momento que encontramos algo que, por alguna casualidad en ese momento, parece no tener dueño, allá corremos para apropiarnos del objeto en cuestión. Volví de Berlín la pasada semana. La ciudad es muy fría, aunque es innegable la cantidad de cultura que encuentras a cada esquina que doblas. Da igual si hablamos de arte convencional o de arte urbano, quizás sea la ciudad en la que más los encontremos a ambos.

La capital alemana alberga más de trescientos museos distintos, buena prueba de la cultura que se respira allí. Pero seguramente a cualquiera que lea este artículo le suene la mítica isla de los museos berlinesa, en la que se encuentran tres de los más importantes de la ciudad, claro destino turístico de todo el que visita la ciudad. Estos tres museos son la Alte Nationalgalerie, el Neues Museum y Pergamonmuseum. Si viajan hasta allí, por favor, visítenlos.

El caso es que tras visitar el Neues, y quedarme pasmado durante un largo espacio de tiempo frente al busto de Nefertiti –por cierto, con un rostro y unas facciones perfectamente preciosas-, me invadió un pensamiento sobre este tipo de obras. Me consoló bastante comentarlo entre mis compañeros de viaje y no ser el único que había pensado lo mismo que yo. ¿Por qué el busto de Nefertiti está en la fría Alemania y no en su lugar de origen? ¿Es que ni siquiera en eso tienen potestad los países en los que se encuentran este tipo de obras? Los rasgos, claramente egipcios, de la reina del Nilo desentonan en una ciudad tan fría, pese a que empiece a acostumbrarse, posiblemente, a la climatología. ¿Qué pinta Nefertiti en un lugar tan frío?

Efectivamente, no era el único que lo pensaba así. Mis compañeros, e incluso alguna persona española que caminaba cerca de nosotros, me daban la razón con sus argumentos. ¿Nos convierte esto en ladrones de obras de arte? Tras salir del Neues, aún con la mente puesta en el busto de aquella dama –que desde pequeño me enamoró sin remedio-, me fui directo con un par de amigos al Museo de Pérgamo. ¿Qué puedo decir de aquel? Una delicia, de principio a fin. Una joya, algo que habría que visitar al menos una vez, para quedarse embaucado, sin palabras, mirando lo que albergan las paredes.

Pergamonmuseum se encuentra situado unos metros más alejado de la principal vía, Unter den Linden, que el Neues Museum. La organización del museo está muy bien planificada, en cuatro salas que albergan las cuatro joyas monumentales y arquitectónicas que ofrece la entrada. Nada más entrar el Altar de Pérgamo, realmente impactante, te deja sin palabras y yo creo que ya no recuperas el habla hasta que regresas por aquella sala para salir. Después vienen unas muestras de arquitectura helenística, la puerta del mercado de Mileto y la espectacular Puerta de Ishtar de Babilonia.

Pero nuevamente, volvimos al mismo tema. ¿No debería estar cada una de estas joyas en su lugar de origen? ¿Por qué una persona que sea de un lugar cercano a las excavaciones donde se localizaron estos restos tiene que ir hasta Berlín para verlo? ¿Es justo que el altar que fue localizado en Turquía esté expuesto en Alemania? ¿El hecho de que las investigaciones arqueológicas fuesen alemanas, otorga ya la potestad sobre lo encontrado? Miles de preguntas se plantean para esta cuestión. Y la respuesta es compleja.

El debate se haría larguísimo, pues hay multitud de posibilidades y opiniones. Es un tema controvertido, habrá quien piense como nosotros, que no concebíamos que Nefertiti estuviese en Berlín, aunque también habrá a quien nuestra opinión le parezca banal, e incluso caprichosa e insulsa. Es lo enriquecedor de los debates.

Lo que está claro es que no son las únicas obras que se encuentran en el exilio de su lugar de origen. También son un claro ejemplo los tesoros del faraón Tutankamón, expuestos en Londres junto a su momia. En este caso, la última vez que fueron trasladados, al menos la famosa máscara funeraria dorada del faraón niño se quedó en El Cairo. Todo un adelanto para Egipto, que puede disfrutar más cerca de algo que le pertenece más que a nadie.

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miércoles, 3 de marzo de 2010

Luis Ramiro y Marwan se codean con los grandes en Joy Eslava

Sábado 27 de febrero. 20:30 horas de la tarde. Sala Joy Eslava. Allí se presentaron dos cantautores que, seguramente, darán mucho que hablar en el futuro. La noche anterior la sala Joy habría vibrado con un concierto del belga Milow que se antojaba insuperable. Pero aquello estaba abarrotado de gargantas dispuestas a corear los estribillos de estos dos artistas que irrumpen cada vez con más fuerza en la escena nacional.

Acostumbrados a los conciertos sencillos de Luis Ramiro y Marwan en salas como Libertad 8 o Galileo, el principio se asemejo bastante a ello. Pese a que el escenario estaba copado de músicos de la banda, el principio pareció algo tímido. Pero sólo hasta que Luis Ramiro hizo sonar los primeros acordes de Tonterías. La sala se vino abajo, y al final de la canción, con uno de los grandes solos del guitarrista Mr. Kilombo, el público estaba entregado.

Lo que vino después fue lo que se presagiaba. Una noche de música muy propia de estos dos cantautores, con alternación de apariciones en el escenario, que a veces también recibía a los dos músicos juntos. La primera aparición a dúo fue realmente estelar. Romper, el primer single del nuevo disco de Luis Ramiro, Dramas y caballeros, hizo temblar las paredes de aquella estancia. Después resonaron versos de los grandes temas de ambos cantantes: Meninos da rua, Mi paracaídas, Cómo decirte o Adolescente, de Marwan; por los Relocos y recuerdos, Humano, Perfecta o Te quiero, te odio de Ramiro, entre otras.

Pero la noche musical dejó mucho más que canciones de estos dos músicos. Según avanzaba el directo, se iban anunciando grandes sorpresas que hicieron que la entrada que habían pagado los visitantes mereciese más la pena. Ese sábado Marwan y Ramiro habían decidido rodearse de los grandes. “Los músicos que desde pequeños han ido con nosotros”, decía Marwan al presentar a alguno de estos. De esta manera desfilaron por la tarima los grandes de la canción como Carlos Chaouen, Pedro Guerra o Ismael Serrano, que cantó junto a Marwan su tema El próximo verano.

No se puede dejar en el tintero la gran aparición junto a Ramiro de Pancho Barona, Antonio García de Diego y José Antonio Romero, sus grandes maestros y productores, que tocaron el mejor tema de la noche, Relocos y recuerdos, que el cantautor dedicó a todos los latinoamericanos “por todos esos vínculos que nos unen”.

Con el público entregado, tras casi dos horas y media de música, se llegó al final del directo con un tema instrumental, que sirvió para que los dos músicos presentasen a toda la banda y rindiesen un homenaje a todos ellos y a los productores, managers, técnicos de sonido, e incluso los operadores de cámara que grababan la actuación.

Quedó tiempo también para una lectura de todos los lugares de los que había acudido gente al concierto. Alternándose el micrófono iban leyendo: “¡Barcelona!, ¡Valladolid!, ¡Asturias!, ¡Cantabria!, ¡Huesconsin! Y por último, todo el resto del mundo”, culminaron.

El concierto terminó con una imagen preciosa: toda la banda girada hacia el batería Cristián Chiloes, esperando que este culminase aquella instrumentalización rockera; mientras Luis Ramiro y Marwan, ajenos a todo eso, se fundían en un abrazo de casi un minuto, en el que se entrevió la tremenda complicidad que fluye entre ambos. Después de eso, una disparatada conga que llevó a la banda a corretear por el centro del público hasta volver otra vez al escenario para alcanzar la merecida puerta del backstage.

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sábado, 16 de enero de 2010

Andrés Rábago "El Roto": “Si sabes leer, la manipulación te da mucha información”


Fotografías por Pablo Álvarez.

Al fondo del pasillo, en el último piso del edificio, espera. En el umbral de la puerta de un bonito estudio muy luminoso, en el centro. A contraluz conforma un precioso encuadre digno de una buena fotografía retrato. Nada más entrar uno de sus cuadros sin terminar. En los estantes, algunos libros, y en la mesa, bocetos sin culminar aún y libros abiertos. Desde el 17 de diciembre hasta el 23 de enero su exposición de pintura Las ventanas ciegas estará en la Galería BAT (María de Guzmán, 61) de Madrid. Sus viñetas de El Roto cada mañana en El País.

En varias ocasiones deja usted claro que no se considera humorista gráfico, por tanto ¿dónde se encuadraría: dibujante satírico, viñetista social, político…?

Sí, en el mismo lugar donde decía que no era propiamente humorista, también decía que mi territorio es la sátira, la sátira gráfica, que tiene una tradición muy larga y en la que soy uno más de esa larga tradición. El humor es una parte de la sátira, pero que no la abarca toda. Además creo que es más útil la reflexión que la risa. La risa, o la sonrisa, está bien, pero la reflexión es lo mejor.

Entonces, ¿se consideraría también un poco como comunicador?

Sin duda. Forma parte de lo que podríamos llamar industria de la comunicación. La sátira es un ingrediente más dentro de un periódico que tiene muchos ingredientes. Y además yo creo que lo ha acompañado prácticamente desde siempre, aunque en otros momentos a lo mejor era una parte que figuraba en hojas sueltas; pero siempre la sátira ha estado dentro del campo de la información, de la comunicación o de la opinión.

¿Qué diferencias existen entre anteriores nombres con los que firmaba sus viñetas y El Roto?

Bueno, hay diferencias tanto de lenguaje como de territorio de análisis o de interés. El principal seudónimo, que era Ops, estaba más en la indagación psicológica; y El Roto está más en la indagación social. Son dos cosas distintas. He hecho cada cosa en el momento que me ha parecido que tenía interés en ello.

¿Existe algún momento puntual en el que decida que es necesario el cambio?

No, no tanto. Yo creo que se va produciendo una modificación, entonces todos estos cambios son lentos. Ni siquiera tú mismo sabes como se va produciendo, pero hay una especie de movimiento; el barco se dirige en otra dirección, pero el cambio es lento, vas girando y vas encontrando otro lenguaje u otro terreno donde asentarte. Y esos momentos de cambio, que son largos, que a lo mejor llevan años, son momentos de cierta confusión personal, tampoco sabes muy bien dónde te diriges; y cuando, de alguna manera, llegas a donde no sabías que ibas, entonces sabes que estás ahí. Pero previamente no sabes ni hacia donde te diriges ni cual es la razón profunda por la que te estás moviendo en esa dirección.

Digamos que es como una transición casi personal.

Sí. Es una transición. Se produjo en ese momento una cierta incomodidad, una cierta inadecuación en el lenguaje. Un lenguaje bastante cerrado, propio y adecuado para una situación de ausencia de democracia, una dictadura, en la que el lector era capaz de traducir lo que se le decía con un lenguaje más oscuro, más cerrado, pero también más rico por otro lado. Y una época de régimen abierto de democracia en el que las cosas deben ser dichas con absoluta claridad. Ya no sirve un lenguaje opaco o encriptado porque el lector no es capaz de leer, de descifrar ese lenguaje, y quiere las cosas dichas abiertamente. Lógicamente el lenguaje cambia.

Siguiendo con el hilo, ¿tiene puntos de vista en común el artista con la persona, es decir, Andrés Rábago y El Roto; o por el contrario son visiones necesariamente distintas de un mismo campo, de una misma realidad?

Pues eso lo explicaría bien la visita a una exposición que tengo ahora, que se inaugura el jueves, de pintura. Yo creo que la visión de la pintura y la visión del dibujo ayudarían a entender tanto un territorio como el otro. Son dos niveles distintos de lo real que cohabitan no sólo en mí, sino en todos nosotros. Yo creo que vivimos en distintos estratos. Generalmente estamos en el nivel más superficial, más externo, porque yo creo que hay una especie de incentivo a que nos mantengamos en ese nivel de superficialidad. Le interesa al sistema. Pero yo creo que para el crecimiento personal debemos saber que existen otros niveles de lo real y que son accesibles. Y también en ese terreno la expresión o la comunicación de la experiencia personal ayuda, tanto el trabajo de dibujo, en el que estás un poco exponiendo tu visión de lo que está ocurriendo, como el otro lado, en el que estás exponiendo otros niveles de percepción en unos terrenos más del espíritu. Ahí yo creo que también sirve ese esfuerzo de comunicación.

Alguno de sus dibujos hace sonreír, al hilo de lo que comentaba usted ahora mismo, hace unas preguntas; y en cambio otros dejan reflexión al que los disfruta. ¿Busca usted crear alguna sensación con ellos?

Básicamente lo que se busca es despertar niveles más altos de reflexión. Buscas de alguna manera situar al lector en el punto más alto de sí mismo. Es una especie de pequeña plataforma que le pones para que él suba y se vea a sí mismo desde otro nivel más alto. Yo creo que es un trabajo necesario y tiene un punto de exigencia ética. Toda comunicación en los medios públicos tiene un punto de exigencia ética, si perdemos de vista eso y lo convertimos en una mera mercancía, o en una mera manipulación, estamos pervirtiendo su esencia, su utilidad. Y eso, para mí, es un grave, diría casi pecado.

¿Sigue usted algún proceso fijo en la creación de sus viñetas? Es decir, ¿le llega antes una reflexión, un dibujo, o por el contrario no sigue una pauta fija?

El sistema de trabajo es casi siempre el mismo. Es una lectura de la información, sobre todo de prensa, yo soy un gran defensor de la prensa escrita. Un tomar notas sobre las cosas que te parecen interesantes, no tanto de las cosas que acaban de ocurrir, es decir, no me interesa tanto la superficie de lo que acaba de pasar, de las noticias. Sigo poco eso, y desde luego no me interesan tampoco las personalidades que personifican esas situaciones. No me interesan los actores, me interesa el guión. Lo examino y tomo nota sobre ese guión que nos están dando o que se nos está ofreciendo, y de ese guión, de las notas que he ido tomando de ese guión, posteriormente es de lo que hago el dibujo que, probablemente, no saldrá al día siguiente, ni a lo mejor a la semana siguiente, sino que saldrá cuando me parezca que es el momento de publicarlo.

¿Si tuviese que elegir sólo uno de los elementos que utiliza, se quedaría con la palabra o con el dibujo?

Ni uno ni otro aisladamente sirven de mucho. Evidentemente, hay una voluntad plástica en el dibujo, pero por sí mismo no se justificaría. Las palabras, por sí mismas, tampoco tienen suficiente corporeidad, necesitas más extensión. Es un lenguaje muy concreto, que requiere tanto del dibujo como de la palabra. Es una simbiosis de imagen y palabra ya muy trabajada, y que aisladamente no funciona.

Hablando de periodismo, ¿considera que el periodismo actual está muy mediado por la gran empresa de comunicación?

Sin duda. Hace mucho tiempo que la información, o la manipulación de la información, crea la opinión. Y la opinión es básica, sobre todo en estas sociedades de masas, para encauzar los movimientos sociales, los descontentos, o mover a la gente en una dirección de odio determinada, que utilizan, a su vez, los grupos de poder para establecerse, mantenerse o conquistar el poder. Eso es algo que está ahí, y justamente yo creo que el trabajo básico es desvelar los mecanismos de manipulación del poder. Esa es digamos una de las funciones básicas, por supuesto de la sátira, pero yo creo que de cualquier persona que se dedique a la información.

¿Ha condicionado alguna vez su trabajo el hecho de trabajar en un gran medio?

No, yo creo que todos los lugares en los que trabajas tienen sus propios intereses. Pero también necesitan tener opiniones o visiones distintas porque si no se convertirían en un mero panfleto que nadie compraría. Entonces de algún modo hay un cierto equilibrio entre la información y, sobre todo yo creo, los medios más serios. Los medios que tienen más responsabilidad tienen que cuidar mucho ese equilibrio, tienen que saber que necesitan la opinión libre aunque puedan estar respondiendo a grandes rasgos a intereses corporativos.

De todas formas, hoy en día, ya cuando compras un periódico sabes por dónde va a ir.

Sí, pero sobre todo tienes que saber leer. Cuando lees un periódico tienes que saber qué estás leyendo. Y da mucha información, incluso, desde mi punto de vista, la manipulación. Si sabes leer, la manipulación te da mucha información. Te da mucha información de cuáles son los intereses, y eso es básico para después tener tu propio criterio.

¿Qué papel cree que puede jugar su actividad dentro del periodismo?

Pues yo creo que evidentemente menor. Es una pequeña parcela que está ahí, una cosita muy pequeña. Pero hay lectores que siguen ese tipo de planteamiento y a los que les interesa; y yo agradezco que haya ese tipo de lectores que se sientan identificados o acompañados en su manera de pensar. Es un acompañamiento que haces al lector para darle a entender que no está solo, que hay mucha gente que tiene un pensamiento parecido. Yo creo que El Roto no es tanto un individuo, no soy yo, digamos que es una forma pensar colectiva, de mucha gente. A mí me ha tocado trabajar en ello porque es mi profesión, pero El Roto no es Andrés Rábago, no es una sola persona, es mucha gente.

Incluso existe gente que lo primero que hace al comprar el periódico es leer las viñetas.

A mí me gusta mucho la prensa, como he dicho. La prensa tiene una riqueza enorme, y no se dan cuenta de lo poco que cuesta y todo lo que da. Tienes unas magníficas fotografías, en muchas ocasiones, tienes informaciones muy valiosas, tienes análisis… hay una cantidad de información enorme, y me sorprende realmente que haya poca gente que lea prensa.

¿Se considera por tanto un poco periodista?

Yo creo que cualquier persona que trabaja en un periódico de alguna manera hace periodismo dentro de su terreno. Y yo creo que la sátira forma parte de la historia del periodismo sin ninguna duda.

Siguiendo con el hilo del periodismo actual, ¿qué opinión le merece el periodismo digital que está surgiendo?

Pues yo creo que todavía falta tiempo para saber qué va a ser de él. Ahora mismo, de algún modo, fagocita o vive de los medios escritos, todavía no tiene una identidad propia. De alguna manera lo que está haciendo es vampirizar otros medios. Es posible que llegue un momento en el que tenga autonomía y pueda realmente ser periodismo, pero eso también tendrá un coste grande. No va a ser gratis. La gente cree que va a poder leer gratis los periódicos en internet; eso no es verdad, es imposible. Si la información es buena costará bastante dinero y también tendrá un coste. Probablemente sea más barato que el periódico porque lógicamente no tiene sustento, pero tendrá un coste.

De todas maneras hay una cosa que me interesa mucho y es que, yo creo, que la desaparición, si llega a producirse, que no creo, de los medios en papel tiene una doble función. Tiene la función de que desaparezcan testimonios físicos de las cosas. El periódico y todas las cosas que están sobre papel son documentos físicos. Los documentos físicos son muy difíciles de manipular, los documentos electrónicos son muy fáciles de manipular. Yo creo que hay un intento, una voluntad de que desaparezcan los documentos, porque son instancias potentes para dejar constancia de qué ha pasado. Me enteré de una noticia que había aparecido en un periódico que estaba en la red. A las semanas se dieron cuenta que esa noticia era falsa, entre comillas, que no correspondía a lo real, y cambiaron la noticia en esa edición del periódico una semana después. Me di cuenta de que eso permitía la modificación de la historia cuando quisiésemos. No habrá documentos; eso es muy grave.

¿Entonces cree que la desaparición puede ser buscada?

En mi opinión lo es. Hay una voluntad de que desaparezcan los medios escritos porque son testimonios, son documentos; aparte de otras historias de coste material, etcétera; pero yo creo que eso no es lo esencial. De algún modo lo que se está buscando es que haya cada vez más zonas de confusión, zonas de “posibilidad de que sea cierto o mentira”, terrenos ambiguos. Son muy propicios ese tipo de instrumentos para esa situación de ambigüedad en la que nadie sabe qué es qué.

Recientemente en países como Marruecos se ha censurado a viñetistas franceses por viñetas que se consideraban ofensivas contra la corona. ¿Cree que en países como España o Francia, que abogan tanto por la libertad de expresión o de prensa, podría ocurrir lo mismo con viñetas de este estilo?

Yo pienso que no. El régimen de Marruecos es, como todas las dictaduras, enormemente torpe. Estos sistemas más avanzados son mucho más inteligentes que eso. Por supuesto ese tipo de cosas no me parecen posibles. Pero es más, dentro de las propias dictaduras es posible una forma de expresión inteligente que pueda eludir la censura. Yo creo que todas estas formas de expresión son toscas, no sirven nada más que como intento de incordiar al régimen, cosa que me parece muy bien; pero son de una enorme tosquedad.

¿Alguna vez ha sufrido usted algún veto de este estilo?

Pues en la época de la dictadura hubo alguna pequeña historia, pero sin importancia. Nunca le he dado importancia a que en algún momento determinado un dibujo no aparezca. Eso no tiene importancia. Lo importante es poder seguir trabajando.

Forma casi parte del juego.

No necesariamente, pero lo asumes como un hecho. Dentro de lo que está ocurriendo en una dictadura eso es una cosa menor, no nos vamos a poner aquí transcendentes. En una dictadura lo que sufre es la población masivamente, y en cosas muchísimo más esenciales. Esto me parece que son anécdotas dentro de toda esa barbarie que son las dictaduras.

Tras leer viñetas suyas, he recogido un par de frases. La primera “se lanza” desde un avión, que está lanzando bombas y dice: “A la ida arrojamos bombas y a la vuelta, ayuda humanitaria”; y en la segunda habla una mujer a pie de calle y comenta: “El Papa nos habló de amor y el emperador de odio pero luego vi como ambos se abrazaban”. ¿Es el mundo un tanto cínico, sobre todo desde las altas esferas?

Por supuesto. Pensar de otra manera sería de una ingenuidad absoluta. Por supuesto que hay un cinismo total y una falta de ética absoluta. Ese tipo de dobles lenguajes son lo habitual en los sistemas de poder.

Sus viñetas diarias son en blanco y negro y suelen llevar texto. En cambio las de su Cajero automático son a color y sin texto normalmente. ¿Cómo dibujaría usted nuestra sociedad, a blanco y negro o a colores?

Yo creo que con muchos colores. El lenguaje satírico es un lenguaje inevitablemente de blanco y negro, los matices a lo mejor son para otro tipo de análisis; pero bueno, es verdad que las sociedades son complejas, son múltiples y hay muchísimas facetas dentro de un mismo problema. Inevitablemente tendemos hacia una cierta simplificación, porque el lenguaje lo requiere, pero eso no significa que las cosas sean necesariamente así.

¿Le añadiría alguna frase a la viñeta sobre nuestra sociedad?

(Sonríe) Pues yo creo que todos los días lo intento.

Cuadernos para el dialogo, Hermano Lobo, La Estafeta, El Jueves… ¿cree que es bueno mantener vivos esos fantasmas de nuestro pasado o no olvidarse al menos de dónde venimos?

Me lo tendría que pensar, ¿eh? Yo creo que… deberíamos olvidar de donde venimos. Cada día debería ser un día nuevo, cada cosa debería ser nueva en cada instante, deberíamos estar en el presente de forma intensa. Hay demasiados lastres, demasiadas rémoras, en cada cosa. Cada vez que miramos a alguien estamos mirando a todo lo que nos ha pasado previamente y hay una especie de prevención frente a la persona que te encuentras. Por lo tanto no estás viendo a la persona que te encuentras, estás viendo toda una serie de personas a las que previamente has conocido. Eso no es bueno. En ese sentido, en el sentido más profundo, yo creo que cada instante debería ser un renacimiento de cada uno de nosotros. De esa manera quizás las cosas fuesen mucho mejor porque no irían lastradas con la experiencia pasada, sino que sería una experiencia nueva en cada caso, y por lo tanto, una posibilidad de que el mundo se estuviese haciendo continuamente.

Interesante… ¿recuerda usted alguna situación que haya pensado nada más vivirla: “sobre esto tengo que dibujar”?

No. Nunca tengo esa sensación. En realidad como más me gusta estar es callado y a mi aire, sin tener que expresarme públicamente, pero dado que parece que me ha llevado la vida a esto, no tengo más remedio que hacerlo. Pero no hay nada que me diga: “tengo que dibujar sobre esto”. Francamente no hay ninguna cosa que me parezca que requiere mi opinión; la doy porque forma parte de mi trabajo pero no quiero que nadie necesite mi opinión para nada. (Se ríe)

¿Me diría un motivo por el que animase a alguien a manifestarse?

No. Nunca empujaría a nadie en ninguna dirección. Creo que cada uno es responsable de su realidad, hablo de realidad como percepción de lo real. Cada uno debe ser absolutamente libre para actuar como crea en conciencia. Eso forma parte de la manipulación, el empujar a la gente a hacer algo y en una dirección, ¿no? Que cada uno sea cada uno.

Por último, una frase corta que describa esta ciudad, Madrid.

No soy capaz de improvisar de esa manera sobre algo. Todo mi trabajo requiere elaboración y no sé contestar de una manera tan… sencilla. (Sonríe).

Publicado en La Huella Digital y en Otro Lunes (nº 13, Julio 2010)